Hubo un momento en mi vida en que me di cuenta de que llevaba años esperando. Esperando a alguien para viajar, para ir a cenar a ese lugar bonito, para sentirme completa. Y un día me pregunté: ¿y si no llega nadie? ¿Me voy a quedar sin vivir?
Esa pregunta lo cambió todo. Empecé a hacer cosas sola. Pequeñas al principio un café, una película, un paseo. Luego más grandes. Más valientes. Y en cada una de esas experiencias fui encontrando pedacitos de mí que no sabía que existían. Aprendí lo que me gusta, lo que me emociona, lo que me da miedo, lo que me hace reír sola en la calle sin importarme nada.
Encontré a mi pareja después de todo eso. Pero lo más importante no fue eso, fue que cuando llegó, yo ya era feliz. Ya no lo necesitaba para estarlo.
Esta guía son esas 100 experiencias. Las que me devolvieron a mí misma. Te las doy para que tú también te encuentres, sin esperar a que nadie te dé permiso de vivir.
Dejaste de vivir esperando que alguien llegara a hacerlo contigo.
Cada actividad es una oportunidad para hacerte preguntas que normalmente evitamos cuando estamos distraídas con el ruido del mundo. ¿Qué me gusta de verdad? ¿Qué me emociona? ¿Qué me hace sentir viva? Al vivirlas, no solo estás haciendo cosas — estás construyendo una relación contigo misma. Y el resultado es poderoso: una mujer que se conoce, que se disfruta, que no depende de nadie para sentirse completa.
Quiero la guíaME ALEGRA QUE ESTÉS AQUÍ
Soy Alex
Soy conferencista, consejera, escritora y columnista con más de 15 años de experiencia. Quizá me viste por ahí, en TV, cuando tuve una sección llamada De tu lado con Alex en Día a Día, me escuchaste en Agenda en Tacones de Blu Radio o tal vez has leído mi columna en El Tiempo.
Al igual que tú he enfrentado situaciones muy difíciles. Pero esas duras experiencias me llevaron a estudiar, leer, investigar, buscar terapia, asistir a talleres y a sumergirme en la búsqueda de las mejores herramientas para ser plenamente feliz.
Aunque sea duro admitirlo tenía el empaque de una mujer exitosa, pero por dentro me sentía fracasada, triste y sola. Increíblemente, en ese hoyo negro que parecía no tener fondo, fue donde encontré la luz. Gracias a Dios y al trabajo que empecé a hacer en mi interior aprendí que el problema no eran mis parejas, ni el país donde vivía, ni el trabajo que tenía. Entendí que por muchos años había buscado por fuera lo que siempre había estado dentro de mí.
Hoy quiero compartir contigo todas esas herramientas que me llevaron años y mucho dinero en aprender. Te quiero guiar para que sientas esa paz y plenitud que viene con entender que no podemos encontrar por fuera lo que no tenemos dentro.